martes, 26 de octubre de 2010

Los pensamientos y el poder.

Siempre he creído en el poder de los pensamientos. Y que el poder de querer algo, es siempre el comienzo correcto para conseguirlo.

Hoy, tal 1 de Enero, me establezco algunos de mis objetivos para 2011. No tiene por qué ser 1 de Enero para comenzar, ¿verdad? Además todos sabemos que siempre fracasamos, pero siempre tenemos la esperanza de sacar algo fructífero de ellos.

Ya que hoy, es mi 1 de Enero...

- Aprender a tocar el piano y culminar tocando el Impromptus Op.142 No.3 de Schubert.

- Volver a visitar esas ciudades que el interior me pide volver a visitar.

- Que el gran Carlos Blanco me diga por primera vez, en 3 años ya dando clases con él, un "Laura Villaverde pasa" cuando diga las notas de los parciales de sus asignaturas (siempre he aprobado por finales y el único parcial que aprobé de él, dijo las notas por e-mail así que NO cuenta). Este año tengo el doble de oportunidades ya que tengo dos asignaturas con él. ¿Sonará la campana? (Sino conocéis a ese genio, nunca podréis sentir lo importante que esa frase para un estudiante).

- Conseguir ir al menos un mes al 100% de clases (la anterior Laura, lo conseguía meses seguidos).

- No caer de bruces al suelo con piedras pasadas. Este es un objetivo que siempre me lo recuerdo, pero supongo que será como las promesas de dejar de fumar que algunos tienen.

- Llegar pronto a clases. IM-POR-TAN-TE.

- 120 km/h es siempre mejor que 140 km/h.

- Aprovechar las oportunidades cuando se presentan, sin analizar todo hasta morir y sin mirar más allá del día de mañana, para luego no tener que arrepentirme de las oportunidades perdidas de haber vivido algo importante.

-Los sueños que tienes, cúmplelos.


El 1 de Enero, actualizaré esta lista. Seguro que necesita actualizaciones...

¿Y por qué creo en el poder de los pensamientos, sobre todo en los deseos y sueños que guardamos dentro, esperando con todas nuestras fuerzas para que se cumplan? Dos razones: porque no he dicho qué ciudades quiero volver a visitar, ni tampoco qué sueños quiero cumplir. Es como cuando soplas la vela de una tarta de cumpleaños: si cuentas el deseo, no se cumple.

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